Los amantes de los estilos antiguos hoy pueden conseguir réplicas de las antiguas mayólicas europeas o aggiornarlas a gusto, con colores o dibujos más actuales. Son piezas esmaltadas a mano con la técnica de la cuerda seca, según la cual un dibujo se transfiere con aceites sobre una base cerámica y se hornea.

Cuando se endurece, el aceite conforma una barrera que tiene la misión de contener en su interior los colores y evitar que se mezclen. Se hacen pieza por pieza y siempre tienen relieve. Abundan los rojos sangre, los verdes, el mostaza y el delicado azul cobalto. Se consiguen guardas o piezas individuales, tocetos o detalles para ser intercalados en pisos de otros materiales. Una pieza de 20 x 20 cm puede costar desde $ 5,50 (GyG) hasta $ 10 (Cerart). Las piezas antiguas tienen precios mayores, que dependen de su estado de conservación, porque sólo se consiguen en demoliciones.

El calcáreo es un mosaico compuesto por una base cementicia y una capa coloreada con pigmentos. Hay colores planos y dibujos decorativos. Se fabrican a partir de un molde de metal, que se rellena con el material coloreado. Se pueden elegir los colores entre una carta de 40 tonos y existen más de 2500 moldes.

Por su alto costo, en general, se lo usa para guardas. Las más simples arrancan en $ 24 + IVA, pero la mayoría cuesta $ 26,40 + IVA el metro lineal. Los lisos cuestan $ 24 + IVA el nV, y se consiguen dibujos desde $ 90 + IVA el m2 (Compañía Argentina de Pisos). Los calcáreos necesitan un curado: después de colocarlos hay que lavarlos con agua y jabón de pan e impermeabilizarlos con kerosén, o con productos siliconados o curadores hidrófugos. Los fabricantes no recomiendan pulirlos, ni pasarles productos ácidos (ácido muriático) ya que corroen los pigmentos.

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